Los 191 días del gobierno de Allende que terminaron en un golpe de Estado

11/09/2023


Cuando el presidente Salvador Allende pronunci√≥ sus √ļltimas palabras desde el palacio de La Moneda y los militares bombardearon el edificio hace 50 a√Īos, Chile y su rumbo hist√≥rico se terminaron de partir.

Esa ma√Īana del martes 11 de septiembre de 1973 comenz√≥ en el pa√≠s una dictadura militar que durar√≠a 17 a√Īos y dejar√≠a cerca de 40.000 v√≠ctimas, incluidos m√°s de 3000 asesinados o desaparecidos.

Al mismo tiempo, con el golpe de Estado acab√≥ un experimento in√©dito en el mundo: Allende fue el primer marxista elegido presidente de forma democr√°tica, alguien que busc√≥ ‚Äúla v√≠a chilena al socialismo‚ÄĚ dentro del marco jur√≠dico vigente.

El quiebre de aquel d√≠a fue tan hondo que a√ļn divide a Chile entre quienes lo consideran un zarpazo traicionero que abri√≥ paso a todo tipo de abusos, y quienes lo ven como un acto de rescate de un pa√≠s en el despe√Īadero.

‚ÄúEl golpe tuvo un efecto peor que el terremoto m√°s grande que hemos tenido‚ÄĚ y ‚Äúcambi√≥ tambi√©n a la sociedad chilena: la hizo desconfiada, neoliberal, mucho m√°s conservadora de lo que era‚ÄĚ, dice Cristi√°n P√©rez, historiador de la Escuela de Periodismo de la universidad chilena Diego Portales, a BBC Mundo.

Pero, ¬Ņc√≥mo lleg√≥ el pa√≠s sudamericano a ese punto bisagra medio siglo atr√°s?

Es difícil precisar el momento exacto en que el gobierno de Allende, un médico carismático con vasta experiencia como senador, entró a un callejón sin salida.

De hecho, algunas dificultades que enfrentó, como la polarización política o una inflación creciente, habían aparecido en Chile antes que Allende fuera electo en septiembre de 1970 con 36% de los votos, en su cuarto intento, al frente de la coalición de izquierda Unidad Popular (UP), que incluía a socialistas como él y comunistas.

Allende se volvió en 1970 el primer marxista elegido presidente en una democracia, algo que puso las miradas del mundo sobre ChileGetty Images

Pero esos y otros problemas se agravaron una vez que Allende asumi√≥ el poder el 3 de noviembre de ese a√Īo sin mayor√≠as legislativas y comenz√≥ a implementar un programa destinado a rehacer la estructura econ√≥mica chilena.

El presidente tomó medidas para expropiar empresas, estatizar los bancos, redistribuir ingresos y profundizar la reforma agraria lanzada por su antecesor, el democristiano Eduardo Frei Montalva, aparte de nacionalizar el cobre con el respaldo unánime del Congreso.

Todo eso asustó a los conservadores chilenos, que se organizaron para frenar las reformas.

Mientras sectores empresariales y gremiales realizaron huelgas y protestas, en la ultraderecha surgió el frente Patria y Libertad, una organización que inició acciones de sabotaje contra el gobierno.

En el otro extremo ideológico, fuera de la UP actuaba el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), un grupo guerrillero que ocupaba tierras privadas y fábricas inspirado en la revolución cubana, la cual también despertaba admiración dentro del Partido Socialista.

Estados Unidos, a instancias del entonces presidente Richard Nixon y su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, boicote√≥ a Allende desde su elecci√≥n para impedir que su gobierno socialista proyectase una imagen exitosa y generase fen√≥menos similares en otros pa√≠ses en plena Guerra Fr√≠a, seg√ļn documentos desclasificados por Washington.

A instancias de Nixon y Kissinger, EE.UU. operó para desestabilizar a AllendeGetty Images

Con acciones encubiertas, EE.UU. primero buscó evitar que el Congreso chileno ratificara la victoria electoral de Allende en 1970, apoyando un plan fallido de la ultraderecha para secuestrar al comandante en jefe del Ejército y defensor del orden constitucional, René Schneider, quien resultaría asesinado.

Despu√©s financi√≥ a la oposici√≥n y bloque√≥ cr√©ditos a Santiago para hacer ‚Äúchillar‚ÄĚ la econom√≠a chilena, a pedido textual de Nixon.

En ese escenario, en Chile se agudizaba la polarización, la violencia política y problemas económicos como desabastecimiento de comercios y un incipiente mercado negro.

Allende procur√≥ ayuda financiera de la Uni√≥n Sovi√©tica, que hab√≠a aportado dinero a su campa√Īa electoral y luego dio maquinaria agr√≠cola o becas estudiantiles a Chile, pero Mosc√ļ consider√≥ inviable dar sustento monetario a un pa√≠s tan lejano y enredado.

Así, el 4 marzo de 1973, Chile celebró unas elecciones parlamentarias que podían inclinar la balanza del poder.

La UP de Allende obtuvo en esos comicios 43% de los votos, siete puntos más que en 1970 pero debajo del apoyo que precisaba para lograr mayorías en el Congreso.

Las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 fueron clave para lo que ocurriría en ChileGetty Images

Y aunque la derecha agrupada en la Confederación para la Democracia (Code) sumó 56% de los votos, no alcanzó el objetivo que se planteaba de tener dos tercios del Senado para poder destituir a Allende.

Entonces a la derecha chilena se le plantea una disyuntiva, dice P√©rez: ‚ÄúO espera hasta 1976 que haya nuevas elecciones, o busca una v√≠a alternativa para sacarlo (a Allende) que sea inconstitucional, es decir, un golpe de Estado‚ÄĚ.

Faltaban 191 días para el 11 de septiembre. Y era evidente que Chile ya giraba en una espiral peligrosa para la democracia que había consolidado desde 1932.

Tras las elecciones parlamentarias se agravó la crisis político-económica chilena, con episodios de violencia, huelgas, un intento de golpe de Estado y un creciente protagonismo de los militares.

El gobierno socialista sigui√≥ impulsando su programa, pero se estancaron reformas como la Escuela Nacional Unificada, un proyecto de reestructura educativa que critic√≥ en marzo de 1973 la Iglesia cat√≥lica, temerosa de perder influencia en la ense√Īanza.

Esa reforma era emblemática para Allende, en cuyo mandato aumentó 17% la cantidad de alumnos registrados en diferentes niveles educativos.

A su vez, en los meses siguientes cobró intensidad un pulso entre los poderes Ejecutivo y Judicial.

La Corte Suprema ‚ÄĒpresidida por un magistrado que luego apoy√≥ el golpe y omiti√≥ castigar los abusos del r√©gimen militar‚ÄĒ acus√≥ al gobierno de Allende de intentar someter los tribunales a sus necesidades pol√≠ticas y propiciar una crisis del Estado de derecho, algo que el mandatario rechaz√≥.

La polarizaci√≥n y la violencia pol√≠tica crecieron en Chile en los a√Īos de AllendeAgencia AFP

En el plano político, hubo negociaciones infructuosas entre la UP de Allende y la Democracia Cristiana de centro para evitar el colapso del gobierno.

La premiada historiadora chilena Sol Serrano se√Īala que una posibilidad era ‚Äúnombrar un gabinete c√≠vico-militar con poderes para las Fuerzas Armadas, lo cual significaba represi√≥n al ‚Äėpoder popular‚Äô y de hecho el fin del programa de la UP aunque no del gobierno‚ÄĚ, o ‚Äúque Allende enviara al Congreso una reforma constitucional para poder llamar a un plebiscito que iba a perder‚ÄĚ.

Pero ya parec√≠a inviable una salida pol√≠tica, en la que insist√≠a el presidente, debido a la falta de voluntad partidaria para alcanzarla y a que ‚Äúhab√≠a un costo que Allende no iba a pagar, que era romper la coalici√≥n de gobierno‚ÄĚ, dice Serrano a BBC Mundo.

En la ma√Īana invernal del 29 de junio hubo un intento de golpe de Estado, el √ļltimo de varios en los a√Īos previos al 11 de septiembre, cuando oficiales sublevados del regimiento blindado N¬ļ2 con el apoyo de Patria y Libertad avanzaron con tanques y veh√≠culos militares hacia La Moneda.

Conocido como ‚ÄúTanquetazo‚ÄĚ, el ataque fue sofocado por una contraofensiva dirigida por el comandante en jefe del Ej√©rcito, Carlos Prats. Dej√≥ 22 muertos y la sensaci√≥n de que el golpismo a√ļn carec√≠a de apoyo pleno en las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, quienes estaban dispuestos a derrocar a Allende parecieron tomar nota de la importancia que tenían los oficiales leales a él.

El "Tanquetazo" fue un aviso de lo que se venía en ChileAFP

Menos de un mes m√°s tarde, el 27 de julio, fue asesinado el edec√°n naval del presidente, Arturo Araya, en un ataque armado frente a su casa.

Poco despu√©s, el 9 de agosto, Allende nombr√≥ al general Prats como su ministro de Defensa y a otros altos mandos militares y policiales para dirigir ministerios cruciales en lo que se denomin√≥ un ‚Äúgabinete de salvaci√≥n nacional‚ÄĚ.

En ese momento ya se había reanudado un paro de transportistas que en octubre de 1972 bloqueó el país y acentuó las dificultades económicas. Más tarde se supo que los camioneros, al igual que el diario conservador El Mercurio, recibieron financiamiento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU.

‚ÄúSi las huelgas y lo dem√°s derribaron al gobierno, lo dudo‚ÄĚ, dijo Alexandro Smith, un propietario de dos autobuses y un taxi que se defin√≠a como un izquierdista frustrado con Allende y que se pleg√≥ al paro.

‚ÄúPero por supuesto‚ÄĚ, agreg√≥ Smith en una entrevista con la BBC poco despu√©s, ‚Äúeso fue a√Īadiendo presi√≥n para que los militares se hicieran con el poder‚ÄĚ.

Con más sangre derramada en choques políticos callejeros y una inflación desbocada que superaría 600% en 1973, la pregunta que muchos se hacían era si Chile se encaminaba a una guerra civil.

Pero lo inminente era el golpe de Estado.

Protestas y problemas económicos complicaron al gobierno socialista chilenoGetty Images

El 22 de agosto, la C√°mara de Diputados declar√≥ que el gobierno de Allende hab√≠a causado un ‚Äúgrave quebrantamiento del orden constitucional‚ÄĚ y se√Īal√≥ que las Fuerzas Armadas y la polic√≠a ‚Äúson y deben ser, por su propia naturaleza, garant√≠a para todos los chilenos y no s√≥lo para un sector‚ÄĚ.

La resoluci√≥n ‚ÄĒaprobada por 81 votos a favor, incluidos los de diputados democristianos, y 47 en contra‚ÄĒ ser√≠a usada como justificaci√≥n para el derrocamiento de Allende, quien respondi√≥ que el texto facilitaba ‚Äúla intenci√≥n sediciosa de determinados sectores‚ÄĚ.

Al d√≠a siguiente ocurri√≥ lo que la inteligencia de EE.UU. definir√≠a en un informe secreto como la remoci√≥n del ‚Äúprincipal factor atenuante contra un golpe de Estado‚ÄĚ: la renuncia al ministerio de Defensa y a la jefatura del Ej√©rcito de Prats, el general leal a la Constituci√≥n.

Esa dimisión se produjo después de que Prats pidiera sin éxito una declaración de apoyo de sus generales, tras una protesta frente a su casa en la que participaron esposas de altos oficiales militares.

Prats recomendó entonces que Augusto Pinochet lo sucediera como jefe del Ejército, sin imaginar que poco después ese mismo general conduciría el golpe de Estado y el largo régimen militar que lo asesinaría a él mismo junto a su esposa en un atentado en Argentina en 1974.

El 9 de septiembre, Pinochet y el nuevo jefe de la Fuerza A√©rea, Gustavo Leigh, recibieron una carta escrita a mano por el almirante Jos√© Toribio Merino avis√°ndoles que el 11 ser√≠a ‚Äúel d√≠a D‚ÄĚ, y ambos aceptaron.

El bombardeo a La Moneda por los militares golpistas el 11 de septiembre de 1973 fue un punto bisagra en la historia chilenaAgencia AFP

‚ÄúEse domingo 9 de septiembre se decide: creo que Pinochet piensa que debe embarcarse en el golpe porque est√° consciente que Merino va a dar el golpe‚ÄĚ, se√Īala el historiador P√©rez. ‚ÄúLo que no les pod√≠a pasar es que se dividieran, (porque) habr√≠a estallado una guerra c√≠vico-militar‚ÄĚ.

El mismo día ocurrieron otros dos hechos relevantes.

El entonces secretario general del Partido Socialista, Carlos Altamirano, dijo en un pol√©mico discurso junto al l√≠der del MIR en el Estadio Chile que se hab√≠a reunido con suboficiales de la Armada contrarios al golpe y advirti√≥ que el pa√≠s se transformar√≠a en ‚Äúun nuevo Vietnam heroico‚ÄĚ si la sedici√≥n pretend√≠a dominarlo.

El mensaje marcó una vez más las diferencias que arrastraba la izquierda entre los radicales que agitaban la crisis y los moderados que buscaban conciliar.

En las horas previas al golpe, Allende reiter√≥ a sus allegados la idea de convocar a un plebiscito y prepar√≥ un mensaje p√ļblico que nunca llegar√≠a a pronunciar.

Otro fue el discurso inolvidable que Allende pronunció por radio aquel 11 de septiembre, antes que los aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea atacaran La Moneda.

‚ÄúYo no voy a renunciar. Colocado en un tr√°nsito hist√≥rico, pagar√© con mi vida la lealtad del pueblo‚ÄĚ, dijo y finaliz√≥ instantes despu√©s: ‚ÄúEstas son mis √ļltimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no ser√° en vano. Tengo la certeza de que por lo menos habr√° una lecci√≥n moral que castigar√° la felon√≠a, la cobard√≠a y la traici√≥n‚ÄĚ.

Allende se negó a renunciar durante el ataque golpista al palacio de La MonedaAgencia AFP

El m√©dico de cabecera del presidente, Patricio Guij√≥n, relat√≥ a la BBC d√≠as m√°s tarde c√≥mo encontr√≥ a Allende muerto sobre un sof√° rojo en La Moneda: ‚ÄúYa no hab√≠a nada que hacer porque literalmente se hab√≠a volado la cabeza. No ten√≠a pulso. Su muerte fue instant√°nea‚ÄĚ.

Tras el golpe, Guijón y otros colaboradores cercanos de Allende fueron detenidos y enviados temporalmente a la isla Dawson, en el sur del país. El Estadio Chile se volvió centro de detención y tortura. Y los militares seguirían en el poder hasta 1990, en un régimen que simbolizó las dictaduras que atravesaba la región en esa época.

Medio siglo despu√©s, aquel tr√°gico quiebre institucional ense√Īa que ‚Äúno pueden hacerse cambios fuera de la democracia, (y) nada justifica la violaci√≥n de los derechos humanos‚ÄĚ, concluye Serrano. ‚ÄúLa principal lecci√≥n: la importancia radical de la pol√≠tica‚ÄĚ.

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